domingo, 13 de mayo de 2012

–Tu anatomía se dibuja en la delicadeza del sol de mediodía, cuando te veo no porque quiera, sino porque ni siquiera me lo pregunto. La emoción es un síntoma de juventud, cuando el corazón late tan deprisa que la vida se derrocha en el baile de los pies. El joven no se pregunta, o quizá lo hace, pero el futuro no es un lugar que le importe, porque cuando se es joven se es inmortal. Y mientras para un hombre, el triunfo de la vida es ser el primer hombre en la vida de toda mujer, las mujeres se apresuran por ser las últimas mujeres en la vida de cada hombre. Ser joven, es situarse geográficamente en los días de sentirse salvaje. De vivir los instantes que se consumen en el segundero del reloj, ser joven, y ser mujer, es proyectarse sobre los ideales del futuro. Traer desde el pasado, los sueños de un hombre ideal, de un final de cuentos. Situar aquél lugar imaginario donde ella es feliz porque ama, y porque él la ama, la ama porque ella cree en un amor eterno, cree que el instante de felicidad se suspenderá en el tiempo, y juntos mirarán las estrellas en el horizonte dibujado por una cultura ancestral. Para sobrevivir juntos como lo hicieron los abuelos, y los padres, como aquella pareja que siempre parece sonreír.