No os denunciaré vuestras carencias, esas ustedes ya las saben bien; les enunciaré entonces aquello que vuestras vidas han infravalorado, y eso es precisamente su propia vida. Se ha tomado por exceso fijarse en la inmediatez de los actos, y por tanto se les ha omitido. Así como el parpadeo y la respiración se dan de manera inconsciente e involuntaria, los demás actos, tales como el beber agua, probar algún fruto y saborearlo, han carecido de vida, de algún valor. Nadie encuentra ya la peculiaridad en dichas acciones.
Podréis juzgarme de la siguiente manera: como mentirosa y embustera por abusar de la palabra escrita, y no os culpo; llamadme entonces así sí bien lo deseas. Quedadte tranquilo que no os reprocharé nada a vuestro sentir que denuncia al mío; mi silencio será verdaderamente auténtico.
martes, 26 de enero de 2010
Letras en el suelo
No os denunciaré vuestras carencias, esas ustedes ya las saben bien; les enunciaré entonces aquello que vuestras vidas han infravalorado, y eso es precisamente su propia vida. Se ha tomado por exceso fijarse en la inmediatez de los actos, y por tanto se les ha omitido. Así como el parpadeo y la respiración se dan de manera inconsciente e involuntaria, los demás actos, tales como el beber agua, probar algún fruto y saborearlo, han carecido de vida, de algún valor. Nadie encuentra ya la peculiaridad en dichas acciones.
domingo, 24 de enero de 2010
ADVERTENCIA
Atiendan ustedes mis queridos lectores a la siguiente recomendación que voy a hacerles: No busquen en mis palabras ideas completas y concretas, que el lenguaje es muy vanidoso y bien vestido encubre la profundidad de los sentimientos, así que no busquen una explicación, que sólo me encontrarán a mí. Dejen que sus sentimientos dialoguen con los míos, y entonces sientan lo que tengo que 'contarles'. Sientan que ante todo soy humano de carne y hueso, que soy multiplicidad de formas, colores y sonidos, y, con esta advertencia decidan ustedes si pasan a mi casa; de ser así ¡bienvenidos sean! y sí no, vuelvan entonces cuando gusten, pues no hay necesidad de tocar en ella.
Arrugas

Sí miráramos en nuestro interior detalladamente y por un instante prolongado notaríamos sin dudarlo las arrugas de nuestro corazón; aquello que nos ha envejecido y nos hace menos vitales cada vez. Arrugas de melancolía, de nostalgia, de decadencia, barreras que lenta y silenciosamente nos alejan, no sólo de nosotros mismos, sino de alguien más, de aquel cuyo nombre es el 'otro'. No poder sentir a alguien más es estar muerto, no poder sentirse a uno mismo es estar muerto; muerto fingiendo estar vivo, y ¡qué espectáculo tan ridículo! Pasar la vida, sólo 'pasarla' sin vivirla, creyendo que la muerte es el más grande temor y enemiga, cuando sentados en su regazo hemos temido más aún al vivir.
Una noche tuve un sueño que precipitadamente me despertó, recordé una frase que en algún ayer había coleccionado. La imagen era la de mi 'corazón', era 'como una roca en medio del mar, seca por dentro.
¿Sabes tú o acaso sé yo lo que eso significa? Significa estar muerto, significa sentirse tan arrugado en medio de la vida, y más aún, que con toda aquella cantidad de 'agua' alrededor de la roca, toda la expresión de vitalidad y de alegría no es capaz de penetrarla siquiera.
No había entendido el final de aquel sueño cuando la roca era destruía, ¿acaso fui yo quien la destruyó? Y entonces, todas sus pequeñas partículas se esparcían por toda una orilla. Me había convertido en la arena de aquel mar y, de vez en vez, con cierta frecuencia y armonía, el agua llegaba hasta mi orilla y bañaba cada parte. Quizá en mi interior una fuerza de vitalidad fue la que estremeció aquella dureza. La vida es mi gran océano, y cada ocasión espero a que una ola acaricie sutilmente mi orilla. Las mareas no me atemorizan, qué la vida golpee entonces cada rincón!! Sólo así puedo bañarme de vida, sólo así las arrugas pueden borrarse.
N.G.
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Muchos recordarán esta imagen de Tarkovski
domingo, 17 de enero de 2010
Negro y Verde

'El Farero'
“La única y última mayor aspiración del espíritu libre,
es llegar a ser su propia luz.”
De pronto sucedió en el mundo el atardecer,
y con él, el sol hubo de ponerse y jamás volvió a salir.
Las noches fueron largas y más aún dolorosas,
mientras los mares arrastraban cuanto navío extraviado de rumbo se internaba en su olaje.
Llovía interminablemente
y los vientos provenientes del norte y del sur,
sacudían cuanto navío ligero se dejara llevar;
pocos navíos le sobrevivieron a la tempestad,
al viento y al frío,
muchos se hicieron viejos y de viejos hubieron de morir,
mientras que otros de jóvenes lo hicieron también.
Algunos navíos permanecieron siempre en el mismo lugar,
otros emprendieron simplemente su viaje,
y de estos navíos voluntariosos,
unos hubieron de perecer en su lucha,
otros de cansancio y unos pocos más lograron seguir navegando.
Éstos, seguros de su camino a pesar de la oscuridad lograron ver allá... muy allá,
donde en las entrañas de aquella tierra lejana una luz tenue y palpitante se asomaba.
-¡Es el farero! Dijo uno de los navíos astutos,
entonces la mayoría de los navíos pareció estremecerse por encontrarse con aquel ser lleno de luz.
La única luz brillante en el mundo en su aparente último rincón;
sin embargo uno de los navíos permaneció en silencio,
ninguno de los demás navíos se percató de él,
ni del significado de su silencio ante tal acontecimiento.
-¡Zarpemos entonces hermanos!, dijo otro de los navíos jóvenes,
y todos se dirigieron hacia la luz del farero
celebrando con poesías, alabanzas y canciones.
A lo lejos, El Farero se percató del navío que permaneció distante de los demás navíos mientras estos navegaban a la luz regocijantes de alegría.
-Y tú amigo mío, ¿por qué no has emprendido tu viaje cómo los demás navíos? preguntó el farero.
Mira cuan alegres y sonrientes vienen hacia mi luz,
¿Por qué has decidido no venir?
El navío permaneció en silencio y entonces dijo:
-Como tú lo has dicho, ¡Oh Farero!,
mi viaje con todos aquellos no ha de ser,
han partido a tu luz, y les deseo que bien les vaya,
pero ni mi destino, ni mi viaje final ha de estar en ti, ni descansar en ti,
y puesto que no elegí llegar a ti, mi viaje es aún más largo,
detrás de ti, aún hay otros mares que cruzar,
habrá otros vientos que abatir,
y entonces habré de encontrarme con mi luz,
¡pues detrás de ti amigo mío, está el amanecer!
El Asesino
El asesino. Hube de preguntarme que habría sido de mí antes de que la vida me sucediera. Entonces un pensamiento brotó espontáneo y alegre, sin color, ni amargura, un pensamiento latente que perdura desconociendo el tiempo y vuela con las alas del deseo alrededor de la memoria y el espíritu. ¿A dónde vas? ¿A dónde vas ave mía? -A refugiarme de tu humanidad susurró, ahí dentro donde nace tu caos y muere el orden de todas las cosas, en el destino último que encaminara tu vida a su última morada, a esa cueva compañero donde habrás de matarnos y así callaremos por siempre. Maldito ha sido nuestro lenguaje, que tan ciego como blasfemo te ha hecho, has proclamado verdades inciertas, ¡mentira! ¡Todo ha sido una mentira! Porque lo que brota de tus labios no ha nacido de igual manera de tu corazón, has crecido en falsedad e hipocresía, hablas de poesía y de amor, embriagándote de ellos como si los conocieses por ti mismo, pero no es así, ¿Cuántas veces has amado? ¿Cuántas veces? ¡Decidlo fuerte y claro! ¿Cuántas veces tus ojos observaron profundos una creación y la amaron? Cuántas otras, fueron ellos creadores de un nuevo asombro, de un nuevo resplandor. Mejor hubiese sido que nacieras siendo ciego, así al menos tus ojos habrían creado para su interior un nuevo mundo, y yo tu ave no me revolotearía celosa por los rincones de meros deseos, te habría llevado lejos, más lejos, más allá de la claridad y de la oscuridad, ahí donde el infinito se junta en brillantes colores que has olvidado crear, ahí hubiésemos matado el tiempo y el espacio hasta fundirnos eternamente con el horizonte. Ahí poco antes de nuestra muerte te hubiese dicho: “compañero mío que naciste siendo silencio para convertirte en melodía”.
Noviembre 2003
Noviembre 2003
viernes, 15 de enero de 2010
Coleccionista de instantes y aficionada de sutilezas
Fragmento a un corazón Pueril
Luna llora
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