Podréis juzgarme de la siguiente manera: como mentirosa y embustera por abusar de la palabra escrita, y no os culpo; llamadme entonces así sí bien lo deseas. Quedadte tranquilo que no os reprocharé nada a vuestro sentir que denuncia al mío; mi silencio será verdaderamente auténtico.
jueves, 16 de diciembre de 2010
viernes, 10 de diciembre de 2010
Indiferencia
Ella pregunta (tantas veces ha querido hacerlo);
él nunca responde.
Ella le mira en silencio y con descaro;
a él no le importa perder la mirada.
Ella espera una caricia en el secreto de su noche;
él olvida que no está solo.
Él se levanta y espera en la mesa por ella;
ella no llega esa mañana.
Él la busca y ella no responde;
ella duerme en silencio en su habitación.
Él trata de despertarla, cuando se da cuenta que es demasiado tarde para ello;
ella ya no responde.
Él pregunta por qué,
ella nunca habrá de decirle,
él la mira llorando,
ella no secará sus lágrimas.
Él le habla esperando una respuesta;
ella es lo sin respuesta.
Él la acaricia,
ella no lo siente más.
Esa noche él dibuja su silueta y trata de tocarla,
ella no responde.
Él quisiera no estar solo,
ella es sólo ausencia.
él nunca responde.
Ella le mira en silencio y con descaro;
a él no le importa perder la mirada.
Ella espera una caricia en el secreto de su noche;
él olvida que no está solo.
Él se levanta y espera en la mesa por ella;
ella no llega esa mañana.
Él la busca y ella no responde;
ella duerme en silencio en su habitación.
Él trata de despertarla, cuando se da cuenta que es demasiado tarde para ello;
ella ya no responde.
Él pregunta por qué,
ella nunca habrá de decirle,
él la mira llorando,
ella no secará sus lágrimas.
Él le habla esperando una respuesta;
ella es lo sin respuesta.
Él la acaricia,
ella no lo siente más.
Esa noche él dibuja su silueta y trata de tocarla,
ella no responde.
Él quisiera no estar solo,
ella es sólo ausencia.

Existe un ruido particular en la cabeza que aquieta incluso los pensamientos más alborotadores, los sentimientos arrebatados de un pecho incontrolable. Poesía germánica que sale de la matanza del débil semblante: no hay poder que detenga semejante fuerza intempestiva.
Miro como si lo hiciera al interior de mi propio espíritu y lo que veo: una tierra aislada donde la más grande de las batallas se libra -siempre con mayor intensidad-.
Esta fuerza que destruye es un torrente incontenible de vida ¿qué he de hacer con tanta vida desbordada? ¿habrá que preferir escondite? ¡Eso no!
-Soy el centinela de su propia torre, ¡oh castillo interior que ardes con tanto fervor! ¿Qué fuego te alimenta para nunca consumirte? -El centinela cierra las puertas al interior del castillo y queda consumido en la guardia de su propia alma.-
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