domingo, 29 de agosto de 2010


Mi nombre es Olvido; soy un tejido de recuerdos que quiero desenredar.

domingo, 22 de agosto de 2010

No hay en nuestro interior, algo que pese a estar escrito en un lenguaje diferente, no corresponda a otro interior. Esa es la ley de los parlantes del silencio.
Toda diferencia que pudiese parecer inaceptable es de superficie; las diferencias a cierta profundidad por ser oscuras, al presentarse en forma de misterio nos son aceptables, es por eso, que en ciertas ocasiones se dan correspondencias pese a la distinción y lejanía de una y otra cosa.
Toda la vida es un constante adiós.

jueves, 19 de agosto de 2010

No vamos al más allá, ni avanzamos a la muerte, es la vida la que sólo se detiene.

Mi fin constituirá el fin de todas mis verdades, de mi nombre, de mis pensamientos, de mis sentimientos, de todos mis recuerdos y de todas aquellas personas y lugares que hube de coleccionar. Así como mi vida constituyó su principio, también constituirá su final, sin mí no habrá sentido para ellas. Muertas estarán, objetos que se marchitarán en el olvido de las gentes que no habrán de nombrarlas nunca. Es aquí como la vida declara su victoria ante lo muerto, porque sin ella no alcanzan la dicha de vivir en alguien, por alguien y para alguien. Mi aroma habrá de dispersarse después de unos cuantos años, y todos aquellos cuantos conocí habrán de morir también. El hombre no es muerte, ni es para la muerte, es vida, es por eso que al hombre y a todo cuanto vive le es imposible pertenecer. La inmortalidad es de las cosas perecederas, de todo aquello que no contiene en su esencia el fruto de la vida. Porque lo vivo siempre se retira.

Hasta aquí he llegado tras inagotables caminatas; sin embargo, no sé dónde estoy. Esta incertidumbre constituye la victoria de un éxtasis de quien sabe reír y llorar al mismo tiempo. Hasta aquí he llegado tras inagotables caminatas, y pese a no saber dónde estoy, no tengo miedo.

martes, 17 de agosto de 2010

El Héroe Ciego


Me encuentro así pues dispuesto de ánimo ante la vida que me acaricia y seduce. Me entrego a ti Eros que llamas mi atención. He tenido que combatir mil batallas y, en todas ellas he destruido y también he creado; tuve que vencer y en más de una vez ser vencido. Melancólico es mi espíritu que cada noche mira las estrellas y se sumerge en una profundidad reflexiva digna de un libre pensador.
A veces lamento la ruidosa imaginería que no calla en ningún momento, fastidiosa es la razón que todo lo rige, que todo lo niega y lo afirma, ¡oh contradicción de mi alma! Tan fácil que hubiera sido escoger el camino de los vencidos, de los que sólo caminan y andan, pero yo, furioso guerrero de noche y de día, me gusta el vértigo de la libertad y de la vida. Me siento desbordado en las pasiones que inmortalizan los instantes en los que un éxtasis colorea todo cuanto hay de rojas facetas. He encontrado mi destino; mi destino, es corazón mío ser un puente hacia algo más grande, hacia algo que yo mismo deseo superar, porque un espíritu libre es aquel capaz de trascenderse así mismo solamente en sí mismo; extraña filosofía que abunda en mis pensamientos, ¡trascendencia de uno mismo en sí mismo! ¡Vaya locura! Un héroe infatigable de trascendencia inmanentista, y el camino hacia algo más grande, ¿será acaso? ¿Yo mismo? Mejor enmudezco y me vuelvo ciego, silencioso, sí, como una melodía, ese es mi destino, ser un silencio perpetuo, y quizá, quién sabe, no lo sé, pero tal vez pueda llegar a ser en alguna otra ocasión nuevamente melodía, repetir cada tonalidad de mi espíritu será un honor. Callaré entonces, callaré, que quiero encontrarme con mi secreto.
El hombre se figura a sí mismo como unidad múltiple; es decir, uno mismo con muchos otros. La voluntad de vida nos hace ser lo que somos, vida y nada más. Las constantes batallas internas entre el espíritu, los instintos y la razón, responden a la coronación de una victoria temporal dentro del orden instintivo, espiritual o racional; sólo la voluntad de vida del héroe es la que sostiene en sus manos las cuerdas de lo múltiple, de lo diverso, y algunas veces, una de ellas es más fuerte que la otra, pero en ese constante vencer- perecer, el triunfo perpetuo está en la vida misma, porque cada acción, cada movimiento, cada elección, es la afirmación constante de que somos, de que estamos y que por tanto de que vivimos.

Asumirse a uno mismo como multiplicidad y contradicción es símbolo de alta nobleza, de gran heroísmo. El héroe nunca se rendirá, ni sus rodillas sucumbirán ante las batallas, su voluntad es inmensamente infinita para no perecer; perecer sería el aniquilamiento perpetuo y el silencio eterno de la melodía.


Hacer el amor es un diálogo de ideas entrelazadas, de sentimientos trenzados, de silencios melodiosos, de magia callada y cortés, donde un instante nos hace inmortales bajo el cielo de la eternidad, donde alguien como tú y alguien como yo crean un vínculo misterioso a través de miradas silenciosas y gestos callados y ardorosamente elocuentes, porque verte a ti amado mío, me hace invariablemente buscarme a mí. La proximidad hacia tu misterio, es la proximidad hacia el mío propio, hacer el amor, es un mutuo fulcimur.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Pensamientos al azar


Quizá no tenga ningún sentido, pero ¡ah! ¡Qué maravillosa es la vida!

Lo que siempre pasa, nunca sucede realmente.

El tiempo que huye y yo, que nunca lo puedo atrapar.

Cierto es que todos los hombres mueren, y pocos saben vivir.
Quien haya dicho que el nacer es comenzar a morir yo lo condeno. Nacer amigos míos, así de fácil es el comienzo para aprender a vivir. No se debe morir sin antes haber vivido, es condición necesaria e indispensable. ¡Vivir, ante todo vivir!

Entusiasmo

Hoy grité: ¡He Nacido! ¡Vivo! ¿Qué nadie me escucha acaso? ¿Qué nadie lo entiende? Mis lágrimas no son de tristeza, entono mi voluntad a la altura de la vida, ¡Bienvenida seas amiga mía! Te abro mis brazos.

Memento Vivere


Yo no recuerdo haber nacido, pero a través del tiempo aprendí a creer que algún día lo había hecho, y que aquél día sería por el resto de mi vida una memoria figurada de un gran acontecimiento.
Yo no recuerdo haber muerto, y a través del tiempo no podré hacerlo, porque no habrán más horas que llenen mi vida, y sólo la ausencia de mi ritmo se notará un par de años; acabando el tiempo para todos aquellos que me vivieron, mi recuerdo se habrá extinguido para siempre.
Yo recuerdo estar viviendo, y mi tiempo se esfuma, pero yo aún no me voy con él.

sábado, 7 de agosto de 2010

Memoria es lo que he perdido, sólo recuerdo cosas hermosas.
El silencio de la noche es el confidente del eco de mi espíritu. Con qué ambiguo miedo de perder y de conservar se aferra el ser humano a esta vida.