Podréis juzgarme de la siguiente manera: como mentirosa y embustera por abusar de la palabra escrita, y no os culpo; llamadme entonces así sí bien lo deseas. Quedadte tranquilo que no os reprocharé nada a vuestro sentir que denuncia al mío; mi silencio será verdaderamente auténtico.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Tengo la mala costumbre de nunca despedirme. Te escribo después de un tiempo preguntándote cómo estás. Y sé que has estado, porque la gente está mientras el tiempo pasa. Bien o mal es siempre tú respuesta, pero siempre espero que estés bien, porque sabes que te quiero.
Sabes que he cambiado porque así era necesario, sabes que debí marcharme y que no me hubiera quedado a desgastar los segundos que te harán brillar para siempre en mi memoria.
Yo te quiero como quiero a la noche, porque tú eras la noche; yo te quiero porque sí. Sin porqués y sin preguntas, sin afán de respuestas simples; porque las respuestas simples son las que más llegan al alma. –La brevedad de un si o un no resplandecen como llamarada encendida en la cueva fría del palpitar.
Yo te quiero, así de simple; no quise despedirme pensando en un tal vez. Yo te quiero porque quiero quererte siempre; quiero quererte aún cuando intente dejar de quererte, y cuando deje de hacerlo te seguiré queriendo.
Perdona que no me despida, pero tengo la mala costumbre de no hacerlo; perdona que después de un tiempo te pregunte cómo estás; perdona que después de un tiempo te siga queriendo.
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