Extraño consuelo. -Memoria- sí, del olvido no me acuerdo. Daré tres pasos hasta el cementerio donde te hemos enterrado; digo hemos, porque somos muchos ya a los que has dejado atrás. Y de olvido; de olvido no sabemos.
Extraño consuelo. -Silencioso-. Te escapas; huyes de las tinieblas para esparcirte radiante en la luz. Un sonido: mi grito o mi llanto. El ausente: tu voz. -Movimientos-. Sombras dispersas de ayer. Tú eres un ayer tan presente, el ayer ya no existe, pero tú, tú eres inmortal.
Extraño consuelo. -Memoria-. Me receto una dosis de tu ausencia. ¿Para qué? -Para reírme de mi impotencia. Extraño consuelo. -Memoria-.
Podréis juzgarme de la siguiente manera: como mentirosa y embustera por abusar de la palabra escrita, y no os culpo; llamadme entonces así sí bien lo deseas. Quedadte tranquilo que no os reprocharé nada a vuestro sentir que denuncia al mío; mi silencio será verdaderamente auténtico.
martes, 31 de mayo de 2011
Nombrar(te) es aún personal. Lo hago como si quisiera que me respondieras, o que, al menos pretendieras escucharme. Nombrar(te) es aún personal; como si me guiara por el recuerdo de algo -duradero-, de algo con nombre y lugar. Pero de todo ello, -nada- queda ya. Ni el llanto, ni el coraje, ni la caricia más íntima. Las ganas se me han agotado que incluso, ya ni siquiera me importa si no respondes ya.
Nombrar(te) es aún personal. Como lo hago con el árbol frente a mi ventana; con el gato en mi cama y los cigarrillos sin prender. Como de mañana nombro las horas e incluso al señor desconocido que espera siempre en la esquina. Nombrar(te)es personal, es cuestión de palabra, -de alguien que la sostiene-, y -aunque duelas- nombrar(te) es mi manera sutil de gastar tu nombre; de hablar de ti sin miedo y cobardía. Yo te nombro como nombro al ave, a la basura, al auto, al teléfono. -Nombrar(me)- para ti es secreto. Me guardas en silencio, celoso de desgaste, me guardas como algo que nada ni nadie más puede nombrar. Yo en cambio, te nombro.
Nombrar(te) es aún personal. Como lo hago con el árbol frente a mi ventana; con el gato en mi cama y los cigarrillos sin prender. Como de mañana nombro las horas e incluso al señor desconocido que espera siempre en la esquina. Nombrar(te)es personal, es cuestión de palabra, -de alguien que la sostiene-, y -aunque duelas- nombrar(te) es mi manera sutil de gastar tu nombre; de hablar de ti sin miedo y cobardía. Yo te nombro como nombro al ave, a la basura, al auto, al teléfono. -Nombrar(me)- para ti es secreto. Me guardas en silencio, celoso de desgaste, me guardas como algo que nada ni nadie más puede nombrar. Yo en cambio, te nombro.
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