Podréis juzgarme de la siguiente manera: como mentirosa y embustera por abusar de la palabra escrita, y no os culpo; llamadme entonces así sí bien lo deseas. Quedadte tranquilo que no os reprocharé nada a vuestro sentir que denuncia al mío; mi silencio será verdaderamente auténtico.
jueves, 16 de diciembre de 2010
viernes, 10 de diciembre de 2010
Indiferencia
Ella pregunta (tantas veces ha querido hacerlo);
él nunca responde.
Ella le mira en silencio y con descaro;
a él no le importa perder la mirada.
Ella espera una caricia en el secreto de su noche;
él olvida que no está solo.
Él se levanta y espera en la mesa por ella;
ella no llega esa mañana.
Él la busca y ella no responde;
ella duerme en silencio en su habitación.
Él trata de despertarla, cuando se da cuenta que es demasiado tarde para ello;
ella ya no responde.
Él pregunta por qué,
ella nunca habrá de decirle,
él la mira llorando,
ella no secará sus lágrimas.
Él le habla esperando una respuesta;
ella es lo sin respuesta.
Él la acaricia,
ella no lo siente más.
Esa noche él dibuja su silueta y trata de tocarla,
ella no responde.
Él quisiera no estar solo,
ella es sólo ausencia.
él nunca responde.
Ella le mira en silencio y con descaro;
a él no le importa perder la mirada.
Ella espera una caricia en el secreto de su noche;
él olvida que no está solo.
Él se levanta y espera en la mesa por ella;
ella no llega esa mañana.
Él la busca y ella no responde;
ella duerme en silencio en su habitación.
Él trata de despertarla, cuando se da cuenta que es demasiado tarde para ello;
ella ya no responde.
Él pregunta por qué,
ella nunca habrá de decirle,
él la mira llorando,
ella no secará sus lágrimas.
Él le habla esperando una respuesta;
ella es lo sin respuesta.
Él la acaricia,
ella no lo siente más.
Esa noche él dibuja su silueta y trata de tocarla,
ella no responde.
Él quisiera no estar solo,
ella es sólo ausencia.

Existe un ruido particular en la cabeza que aquieta incluso los pensamientos más alborotadores, los sentimientos arrebatados de un pecho incontrolable. Poesía germánica que sale de la matanza del débil semblante: no hay poder que detenga semejante fuerza intempestiva.
Miro como si lo hiciera al interior de mi propio espíritu y lo que veo: una tierra aislada donde la más grande de las batallas se libra -siempre con mayor intensidad-.
Esta fuerza que destruye es un torrente incontenible de vida ¿qué he de hacer con tanta vida desbordada? ¿habrá que preferir escondite? ¡Eso no!
-Soy el centinela de su propia torre, ¡oh castillo interior que ardes con tanto fervor! ¿Qué fuego te alimenta para nunca consumirte? -El centinela cierra las puertas al interior del castillo y queda consumido en la guardia de su propia alma.-
jueves, 9 de diciembre de 2010
martes, 30 de noviembre de 2010
Vivir era esa duración, era también ese consumirse silencioso, el desgaste vital de una fuerza distendida. Todo mi cuerpo tenía Memoria, y puesto que tenía memoria seguía siendo cuerpo. Fue así como llegué a la conclusión que sólo cuando la Memoria particular cesa, el cuerpo muere. Como la estrella, algún día me convertiría en nébula, y mi polvo se esparciría por el resto de una materia que coexiste con mi cuerpo. ‘Sólo lo que es nuestro se retira’: vida, memoria, duración, cuerpo. Ojalá pudiera retenerme, porque hay tanto de esta vida, hay tanto de mi cuerpo que me seduce a quedarme. ¿Por qué no me puedo retener? Ojalá mi Memoria pudiera retenerse del Olvido.
martes, 23 de noviembre de 2010
Nombrarle es aún presente; él aún responde. Él, es aquél, es -el otro-. Un adiós no ha sido pronunciado con la profundidad que la palabra implica. Adiós sería nombrarle y que no respondiera más, sería hablarle a su recuerdo, a una presencia que él mismo ignoraría ya, a él, aquél como otro ya pasado, como el otro que ya no está, y sin embargo estuvo y fue, y que pese a una despedida su presencia se mantiene como promesa nostálgica en un corazón aún latente. Es así como nosotros: el propio y el otro, nos encontramos en el mundo: como un instante fugaz o el sello avasallador del siempre o del nunca.
Ichbinbeidir
(…) Incesante la apariencia habita sus rostros y se va.
Como de la hierba, el rocío temprano de nosotros se retira lo que es nuestro,
como del caliente manjar trasciende el vapor.
¡Oh sonrisa! ¿Hacia dónde?
¡Oh mirada que se eleva!; contempla los árboles: son.
Y aún perduran las casas en que vivimos.
Sólo nosotros pasamos junto a todo como una ráfaga.
¡Miren!: acontece que mis manos entre sí se saben
o que en ellas mi rostro cansado se refugia.
-De mí mismo alguna conciencia esto me infunde-,
porque persiste el lugar que la ternura envuelve,
porque sienten la pura duración.
Así el brazo les parece promesa de eternidad.
Quizá nosotros también hallemos duradera una pura parcela de sustancia humana,
una franja de tierra fecunda que sea nuestra,
pues el propio corazón, nos trasciende
jueves, 28 de octubre de 2010
Cuando un adiós se pronuncia como una promesa del porvenir, el corazón inquieto no hace otra cosa más que aguardar por ese momento. Desde hace tiempo he tenido que decirte adiós. Esa palabra que estremece y que, muchas veces se muestra impronunciable, un no-querer que en el fondo del espíritu de aquél que tiene que dejar ir, se abraza hacia un querer prolongado.
El decir adiós es precipitado, sobre todo si se trata de una muerte, de una despedida que interrumpe un flujo en el ritmo vital de quien ama. Porque lo que duele a fin de cuentas, no es el ausente, sino la presencia ignorada de una intensidad vital que aún no se agota.
Dichas estas palabras, hemos venido hasta aquí para cumplir con una despedida. Este ahora que nos pertence, es el momento ya pronunciable en que nos decimos adiós. A media distancia de nuestros ojos, lejos de la ciudad y, un poco más cerca de las estrellas, esta región desaparecerá, y con ello quedará sellada para siempre la promesa ya cumplida. ¡Adiós amigo!
jueves, 7 de octubre de 2010
'Todos los días me rebelo contra el vértigo del instante; y pese a que encuentro en mí corazón la libertad de que no hay mañana, hoy quiero la vida como si la quisiera para siempre; y puesto que amo la vida con tal intensidad, el mismo estremecimiento se dirige hacia tí, con tal vértigo y tal libertad'
lunes, 13 de septiembre de 2010
Sleeping Giant

En su corazón anidaba la magia de las noches infinitas, de los claro-oscuros que se esparcían por los amaneceres que encontraba durante los ratos en que sus párpados se abrían de par en par. Los días le eran indiferentes, a la luz de la mañana sus ojos se cerraban. Era la forma en que su corazón se mantenía intacto. Discretas mañanas y noches solitarias. Los hombres de la ciudad paseaban mientras él dormía, y mientras ellos advertían que unos con otros chocaban invadiendo espacios poco a poco más reducidos, él se proclamaba solitario, con el mundo a sus pies tocaba cada rincón del mundo, con la alegría de un salto, con la singularidad de un baile.
Melancólico espíritu, las aves lo veían recostado sobre una tierra inmóvil. Por las noches, su rostro se confundía con las nubes que huyen de los rápidos vientos del norte...Sleeping Giant... sus lágrimas se arrojaban a la tierra como una lluvia de otoño...nostálgica... él permanecía en silencio... mientras su corazón latía, la tierra se movía al tiempo de cada golpeteo... Sleeping Giant... él no sabía lo que era vivir entre hombres pequeños, él no sabía lo que era vivir a la luz del sol... sólo coleccionaba los instantes de soledad suprema en que su sombra aparecía en la tierra y entonces dormía... Si me preguntan, yo también estoy despierta esta noche, me gusta observarle mientras trata de atrapar las estrellas.
Ingenuidad de un contador
Hoy miré el cielo; hace mucho que no lo hacía. Recostada sobre una banquita pequeña eché mi cabeza hacia atrás, poco a poco, las luces de la ciudad se fueron esparciendo hasta que descubrí dos puntos brillantes que se encontraban el uno del otro a dos dedos de distancia!! Dos dedos de distancia es lo que hay entre dos estrellas!! y, entre ellas y yo?? cuánto camino tengo que recorrer para reunirme con una de ellas??
domingo, 22 de agosto de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
Mi fin constituirá el fin de todas mis verdades, de mi nombre, de mis pensamientos, de mis sentimientos, de todos mis recuerdos y de todas aquellas personas y lugares que hube de coleccionar. Así como mi vida constituyó su principio, también constituirá su final, sin mí no habrá sentido para ellas. Muertas estarán, objetos que se marchitarán en el olvido de las gentes que no habrán de nombrarlas nunca. Es aquí como la vida declara su victoria ante lo muerto, porque sin ella no alcanzan la dicha de vivir en alguien, por alguien y para alguien. Mi aroma habrá de dispersarse después de unos cuantos años, y todos aquellos cuantos conocí habrán de morir también. El hombre no es muerte, ni es para la muerte, es vida, es por eso que al hombre y a todo cuanto vive le es imposible pertenecer. La inmortalidad es de las cosas perecederas, de todo aquello que no contiene en su esencia el fruto de la vida. Porque lo vivo siempre se retira.
martes, 17 de agosto de 2010
El Héroe Ciego
Me encuentro así pues dispuesto de ánimo ante la vida que me acaricia y seduce. Me entrego a ti Eros que llamas mi atención. He tenido que combatir mil batallas y, en todas ellas he destruido y también he creado; tuve que vencer y en más de una vez ser vencido. Melancólico es mi espíritu que cada noche mira las estrellas y se sumerge en una profundidad reflexiva digna de un libre pensador.
A veces lamento la ruidosa imaginería que no calla en ningún momento, fastidiosa es la razón que todo lo rige, que todo lo niega y lo afirma, ¡oh contradicción de mi alma! Tan fácil que hubiera sido escoger el camino de los vencidos, de los que sólo caminan y andan, pero yo, furioso guerrero de noche y de día, me gusta el vértigo de la libertad y de la vida. Me siento desbordado en las pasiones que inmortalizan los instantes en los que un éxtasis colorea todo cuanto hay de rojas facetas. He encontrado mi destino; mi destino, es corazón mío ser un puente hacia algo más grande, hacia algo que yo mismo deseo superar, porque un espíritu libre es aquel capaz de trascenderse así mismo solamente en sí mismo; extraña filosofía que abunda en mis pensamientos, ¡trascendencia de uno mismo en sí mismo! ¡Vaya locura! Un héroe infatigable de trascendencia inmanentista, y el camino hacia algo más grande, ¿será acaso? ¿Yo mismo? Mejor enmudezco y me vuelvo ciego, silencioso, sí, como una melodía, ese es mi destino, ser un silencio perpetuo, y quizá, quién sabe, no lo sé, pero tal vez pueda llegar a ser en alguna otra ocasión nuevamente melodía, repetir cada tonalidad de mi espíritu será un honor. Callaré entonces, callaré, que quiero encontrarme con mi secreto.
El hombre se figura a sí mismo como unidad múltiple; es decir, uno mismo con muchos otros. La voluntad de vida nos hace ser lo que somos, vida y nada más. Las constantes batallas internas entre el espíritu, los instintos y la razón, responden a la coronación de una victoria temporal dentro del orden instintivo, espiritual o racional; sólo la voluntad de vida del héroe es la que sostiene en sus manos las cuerdas de lo múltiple, de lo diverso, y algunas veces, una de ellas es más fuerte que la otra, pero en ese constante vencer- perecer, el triunfo perpetuo está en la vida misma, porque cada acción, cada movimiento, cada elección, es la afirmación constante de que somos, de que estamos y que por tanto de que vivimos.
Asumirse a uno mismo como multiplicidad y contradicción es símbolo de alta nobleza, de gran heroísmo. El héroe nunca se rendirá, ni sus rodillas sucumbirán ante las batallas, su voluntad es inmensamente infinita para no perecer; perecer sería el aniquilamiento perpetuo y el silencio eterno de la melodía.
Asumirse a uno mismo como multiplicidad y contradicción es símbolo de alta nobleza, de gran heroísmo. El héroe nunca se rendirá, ni sus rodillas sucumbirán ante las batallas, su voluntad es inmensamente infinita para no perecer; perecer sería el aniquilamiento perpetuo y el silencio eterno de la melodía.
Hacer el amor es un diálogo de ideas entrelazadas, de sentimientos trenzados, de silencios melodiosos, de magia callada y cortés, donde un instante nos hace inmortales bajo el cielo de la eternidad, donde alguien como tú y alguien como yo crean un vínculo misterioso a través de miradas silenciosas y gestos callados y ardorosamente elocuentes, porque verte a ti amado mío, me hace invariablemente buscarme a mí. La proximidad hacia tu misterio, es la proximidad hacia el mío propio, hacer el amor, es un mutuo fulcimur.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Pensamientos al azar
Entusiasmo
Hoy grité: ¡He Nacido! ¡Vivo! ¿Qué nadie me escucha acaso? ¿Qué nadie lo entiende? Mis lágrimas no son de tristeza, entono mi voluntad a la altura de la vida, ¡Bienvenida seas amiga mía! Te abro mis brazos.
Memento Vivere

Yo no recuerdo haber nacido, pero a través del tiempo aprendí a creer que algún día lo había hecho, y que aquél día sería por el resto de mi vida una memoria figurada de un gran acontecimiento.
Yo no recuerdo haber muerto, y a través del tiempo no podré hacerlo, porque no habrán más horas que llenen mi vida, y sólo la ausencia de mi ritmo se notará un par de años; acabando el tiempo para todos aquellos que me vivieron, mi recuerdo se habrá extinguido para siempre.
Yo recuerdo estar viviendo, y mi tiempo se esfuma, pero yo aún no me voy con él.
sábado, 7 de agosto de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010

En una época lejana la cual no recordamos ya, la cual hemos pintado con diferentes colores y vestido de trajes y formas que apenas alcanzan nuestra imaginación actual ha quedado suspendida en la memoria como una imagen aislada y sin movimiento, como una estación permanente.
Pensemos entonces en un hombre cualquiera anterior a nosotros, un rostro desconocido, sin peculiaridades ni formas particulares que nos aten a él de alguna manera, es él, aquél primer hombre. En ese instante en que lo dibujamos en un paraíso, solitario y silencio, nos preguntamos la manera en que aquél hombre debió preguntarse, sí es que lo hacía, sí es que su existencia le causaba una especie de asombro y extrañeza.
(...)
Otro Fragmento sin nombre
+ La inteligencia calcula consecuencias; la sensibilidad no calcula. La sensibilidad es gozar o sufrir sin que estas tengan algún sentido. El sufrimiento o el gozo no tienen ningún sentido o moralidad, simplemente son manifestaciones de la sensibilidad con diferente fuerza.
Apología del cuerpo Fragmento II
(...)He llamado tal vez de forma correcta 'El olvido del cuerpo' a la enfermedad propia del cristiano, del que padece y siente culpa por su desnudez. El que rechaza su flacura o gordura, su altura o pequeñez es igualmente un enfermo; cuyo síntoma es el reflejo de un cansancio, de la aprehensión de una ‘moralidad de la forma’, de un dictamen sobre lo que está bien o mal en un cuerpo, sobre lo que debe o no debe ser. El cuerpo ha sido juzgado, primer gran error, segundo gran error es creer que el cuerpo es objeto de la moral, si la moral es en sí misma un error, lo es aún más tasar al cuerpo con algo que no le pertenece.
+El hombre se lanza a descubrir los terrenos ulteriores sagasmente inventados, pues tiene miedo en que lo más cercano, aquello que se esfuma y le pertenece: su cuerpo, es lo más desconocido, incluso para sus propios ojos.
+El hombre dice percibir su alma, pero no es capaz de verse la espalda y sentirse orgulloso por ello.
+El hombre se lanza a descubrir los terrenos ulteriores sagasmente inventados, pues tiene miedo en que lo más cercano, aquello que se esfuma y le pertenece: su cuerpo, es lo más desconocido, incluso para sus propios ojos.
+El hombre dice percibir su alma, pero no es capaz de verse la espalda y sentirse orgulloso por ello.
Apología del cuerpo Fragmento

Hay que aprender a sentirnos como si involucrásemos todos nuestros sentidos; entreguémonos a nosotros mismos en la búsqueda de una sensualidad propia. No ignoremos nuestros latidos, mucho menos nuestra respiración, abracemos nuestros frío, nuestro calor, olfateemos nuestro aliento y aroma. ¿Quién sabe percibirse? ¿Quién si por un instante fuera ajeno de sí mismo podría reconocerse por las particularidades que le distinguen?
Metáfora del Insomnio

Despertar... cuando todo es cuestión de despertar. Abrir los ojos y parpadear, palidez de colores y formas postradas en cuatro paredes inmóviles... ¿dormir? No esto no es dormir, ¿soñar? Tampoco lo es. Despertar... instantes sumergidos en un proceso lento de recordarnos a nosotros mismos, de reconocernos, ahí, aquí. Un rostro, un par de ojos y otro de manos y pies, labios delgados o gruesos ¿qué más da? Soy yo quien duerme y soy yo también quien despierta. Segundos en el que el ser es lo que es y puede llegar a ser, o donde simplemente ya no lo es. Despertar...palpitar... y una colección fotográfica acaricia mi recuerdo, palabras aisaldas, un lenguaje que desconozco y sin embargo me dice quién soy, quién es él, aquél al otro lado de la cama; ¿será acaso que le amo? ¿será acaso que hemos compartido tiempo? -Si, ¿no lo recuerdas? ¿Tan largo tiempo dormiste? -Dormir nos empuja a un precipicio, al vacío silencioso de una noche donde olvido, estar dormidos significa separarnos, pro un breve instante, incluso hasta de nosotros mismos. ¿Qué si yo duermo? -¡No! ¡qué va! prefiero soñar con los ojos bien abiertos, detesto ese sentmiento de extrañeza por las mañanas...
Friedrich Nietzsche

El árbol siente sus raíces más de lo que puede verlas, pero este sentimiento mide toda su grandeza según la grandeza y fuerza de sus ramas visibles. Y si el árbol puede equivocarse en esto, ¡cómo ha de equivocarse acerca de todo el bosque del que sólo sabe y siente algo en la medida en que éste mismo le frena o le desafía!
Fragmento sin título
Fragmento sin título
El hombre es capaz de sentir a otro ser humano, como lo es también de sentir el mundo; sí lo hace libremente, es por el instinto de vida que hay en él y nada más. Un hombre se dice vivo cuando le es posible sentir, no sólo por una piel extensa y despierta, sino por un estremecimiento en todo él.
miércoles, 14 de julio de 2010
El Farero

De pronto sucedió en el mundo el atardecer
y con él, el sol hubo de ponerse y jamás volvió a salir.
Las noches fueron largas y más aún dolorosas,
mientras los mares arrastraban cuanto navío extraviado de rumbo se internaba en su olaje.
Llovía interminablemente
y los vientos provenientes del norte y del sur,
sacudían cuanto navío ligero se dejara llevar,
pocos navíos le sobrevivieron a la tempestad,
al viento y al frío,
muchos se hicieron viejos, y de viejos hubieron de morir,
otros de jóvenes lo hicieron también.
Algunos navíos permanecieron siempre en el mismo lugar,
otros emprendieron simplemente su viaje,
y de estos navíos voluntariosos,
unos hubieron de perecer en su lucha,
otros de cansancio y unos pocos más lograron seguir navegando.
Estos, seguros de su camino a pesar de la oscuridad lograron ver allá... muy allá,
donde en las entrañas de aquella tierra lejana una luz tenue y palpitante se asomaba.
-¡Es el farero! Dijo uno de los navíos astutos,
entonces la mayoría de los navíos pareció estremecerse por encontrarse con aquel ser lleno de luz,
la única luz brillante en el mundo, en su aparente último rincón,
sin embargo uno de los navíos permaneció en silencio,
ninguno de los demás navíos se percató de él,
ni del significado de su silencio ante tal acontecimiento.
-¡Zarpemos entonces hermanos!, dijo otro de los navíos jóvenes,
y todos se dirigieron hacia la luz del farero
celebrando con poesías, alabanzas y canciones.
A lo lejos, El Farero se percató del navío que permaneció distante de los demás navíos mientras estos navegaban a la luz, regocijantes de alegría.
-Y tú amigo mío, ¿por qué no has emprendido tu viaje cómo los demás navíos? preguntó el farero,
mira cuan alegres y sonrientes vienen hacia mi luz,
¿Por qué has decidido no venir?
El navío permaneció en silencio y entonces dijo:
-Como tú lo has dicho, ¡Oh Farero!,
mi viaje con todos aquellos no ha de ser,
han partido a tu luz, y les deseo que bien les vaya,
pero ni mi destino, ni mi viaje final ha de estar en ti, ni descansar en ti,
y puesto que no elegí llegar a ti, mi viaje es aún más largo,
detrás de ti, aún hay otros mares que cruzar,
habrá otros vientos que abatir,
y entonces habré de encontrarme con mi luz,
¡pues detrás de ti amigo mío, está el amanecer!
Mi nombre es Funes el Memorioso incapacitado para Olvidar
sábado, 20 de marzo de 2010
Del Arte de Leer y del Arte de Escribir
El arte de Leer.- No es solamente el ojo el que se ejercita en el arte del buen leer; sino que en este tipo de ocasiones se ha de ejercitar el cuerpo completo para descubrir así las palabras de algún poeta dormido. Afinar los sentidos es tarea delicada para los espíritus dispuestos; si la escritura es un arte respetable, el arte del buen lector lo es aún más, se requiere no sólo finura en el trazo y delicadeza en la seducción; el lector se comporta como el buen amante o el buen amigo, que no sólo escucha y observa, sino que ama y siente, que llora, que sabe masticar y digerir. El buen lector no acepta las palabras sin cuestionarlas primero, sino que las comprende y las transforma, aprecia el espíritu del escritor e imagina cómo debió sentirse al escribir tal o cual cosa; el lector lo inventa y a veces le hace aparecer de modo infinito. Un buen lector sabe despreciar y cosechar pues asume su postura activa. En un juego de dados, el escritor tira la primera partida, el lector es el que ríe al final.
El arte de escribir.- Quien escribe no sólo lo hace para los ojos, lo hace apuntando al corazón; el poeta apunta su aguijón, pues donde su muerte ha de comenzar la vida correrá en la sangre del lector.
El segundero y El Arte del Relojero
El segundero.- Que vuestras manos aprieten con fuerza la marcha, haced como si vuestro corazón fuese el mensajero, pues las horas son pesadas para quien mira el segundero, para quien escucha ansioso y temeroso el paso del tiempo. El que espera sucumbe a su paso, pues ante todo ansía que el tiempo pase. Animad vuestro andar y amad la vida que hay detrás de cada instante. Que el segundero corra, avanzad a vuestro paso seguro y alegre que la vida es para quien la vive y no para quien la ve vivirse.
El Arte del Relojero.- Aprended el arte del relojero; aquél que esculpe el tiempo y que no sólo de las manecillas conoce; aquél cuyas manos no se encuentran atadas al tiempo, y el reloj a lo lejos ya no es mirado. El Relojero cuyas manos aprietan con fuerza la marcha de su corazón, firme y voluntarioso sale a la búsqueda de las horas y los segundos, aprende del arte de vivir sabiendo que las horas pasan y los días terminan, pero que las horas no consumidas son un desperdicio, que los segundos ignorados no vuelven, y agota cada hora, porque bien sabe que tarde o temprano su hora habrá de llegar. El relojero sabrá hasta dónde dio marcha a su vida, y habrá entonces relojeros de mediodía, de medianoche, de atardeceres y de amaneceres. ¡Aprended del arte del segundero!
Las Horas
He concentrado toda mi fuerza en vivir de noche y vivir de día,
Qué más da dirían algunos, si es el sol o si es la luna quien nos mira.
Sin embargo, el quehacer del solitario es diferente según la luz que le cobija.
A ciertas horas por ejemplo, el alma se vuelve susceptible y melancólica,
A diferencia de las mañanas bañadas en el rocío del corazón aún inocente que palpita en la primera infancia del día.
Después de un largo sueño, despertar no sólo es la tarea del despertar;
un parpadeo donde segundos de colores se transforman
y las formas que abundan en nuestra habitación adquieren cierto grado de familiaridad.
Cuando uno ejercita el acto de vivir cada hora,
ha de notar que los sueños por la tarde se vuelven más vivaces y voluntariosos. La comida por las mañanas se aprovecha mejor que en las noches,
y las largas caminatas nocturnas son incluso más agradables que al atardecer.
Las horas huelen diferente, incluso si es lunes o si es jueves,
si es enero o si es septiembre.
Los colores y las formas se transforman;
de las dos a las diez los cuerpos adquieren diferentes matices.
Mirar un árbol bajo el cielo rojizo,
pajarillos a su alrededor cantando los sonidos del atardecer,
el mundo es siempre más ruidoso a las seis.
Tempranero y entusiasta se levanta el espíritu;
naturaleza pensativa y silenciosa que descansa.
Mirar el reloj no indica que conozcamos del tiempo;
pues el tiempo ha de vivirse, ha de sentirse y experimentarse.
Quien conozca de las horas y los segundos sabrá entonces la diferencia del tiempo.
Sabrá que el mundo muda de piel y que cada instante es como un parpadeo;
hay que tener la suficiente fuerza para apretar cada uno a nuestro corazón
y así coleccionar la vida entera como un tiempo eterno.
martes, 26 de enero de 2010
Letras en el suelo
No os denunciaré vuestras carencias, esas ustedes ya las saben bien; les enunciaré entonces aquello que vuestras vidas han infravalorado, y eso es precisamente su propia vida. Se ha tomado por exceso fijarse en la inmediatez de los actos, y por tanto se les ha omitido. Así como el parpadeo y la respiración se dan de manera inconsciente e involuntaria, los demás actos, tales como el beber agua, probar algún fruto y saborearlo, han carecido de vida, de algún valor. Nadie encuentra ya la peculiaridad en dichas acciones.
domingo, 24 de enero de 2010
ADVERTENCIA
Atiendan ustedes mis queridos lectores a la siguiente recomendación que voy a hacerles: No busquen en mis palabras ideas completas y concretas, que el lenguaje es muy vanidoso y bien vestido encubre la profundidad de los sentimientos, así que no busquen una explicación, que sólo me encontrarán a mí. Dejen que sus sentimientos dialoguen con los míos, y entonces sientan lo que tengo que 'contarles'. Sientan que ante todo soy humano de carne y hueso, que soy multiplicidad de formas, colores y sonidos, y, con esta advertencia decidan ustedes si pasan a mi casa; de ser así ¡bienvenidos sean! y sí no, vuelvan entonces cuando gusten, pues no hay necesidad de tocar en ella.
Arrugas

Sí miráramos en nuestro interior detalladamente y por un instante prolongado notaríamos sin dudarlo las arrugas de nuestro corazón; aquello que nos ha envejecido y nos hace menos vitales cada vez. Arrugas de melancolía, de nostalgia, de decadencia, barreras que lenta y silenciosamente nos alejan, no sólo de nosotros mismos, sino de alguien más, de aquel cuyo nombre es el 'otro'. No poder sentir a alguien más es estar muerto, no poder sentirse a uno mismo es estar muerto; muerto fingiendo estar vivo, y ¡qué espectáculo tan ridículo! Pasar la vida, sólo 'pasarla' sin vivirla, creyendo que la muerte es el más grande temor y enemiga, cuando sentados en su regazo hemos temido más aún al vivir.
Una noche tuve un sueño que precipitadamente me despertó, recordé una frase que en algún ayer había coleccionado. La imagen era la de mi 'corazón', era 'como una roca en medio del mar, seca por dentro.
¿Sabes tú o acaso sé yo lo que eso significa? Significa estar muerto, significa sentirse tan arrugado en medio de la vida, y más aún, que con toda aquella cantidad de 'agua' alrededor de la roca, toda la expresión de vitalidad y de alegría no es capaz de penetrarla siquiera.
No había entendido el final de aquel sueño cuando la roca era destruía, ¿acaso fui yo quien la destruyó? Y entonces, todas sus pequeñas partículas se esparcían por toda una orilla. Me había convertido en la arena de aquel mar y, de vez en vez, con cierta frecuencia y armonía, el agua llegaba hasta mi orilla y bañaba cada parte. Quizá en mi interior una fuerza de vitalidad fue la que estremeció aquella dureza. La vida es mi gran océano, y cada ocasión espero a que una ola acaricie sutilmente mi orilla. Las mareas no me atemorizan, qué la vida golpee entonces cada rincón!! Sólo así puedo bañarme de vida, sólo así las arrugas pueden borrarse.
N.G.
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Muchos recordarán esta imagen de Tarkovski
domingo, 17 de enero de 2010
Negro y Verde

'El Farero'
“La única y última mayor aspiración del espíritu libre,
es llegar a ser su propia luz.”
De pronto sucedió en el mundo el atardecer,
y con él, el sol hubo de ponerse y jamás volvió a salir.
Las noches fueron largas y más aún dolorosas,
mientras los mares arrastraban cuanto navío extraviado de rumbo se internaba en su olaje.
Llovía interminablemente
y los vientos provenientes del norte y del sur,
sacudían cuanto navío ligero se dejara llevar;
pocos navíos le sobrevivieron a la tempestad,
al viento y al frío,
muchos se hicieron viejos y de viejos hubieron de morir,
mientras que otros de jóvenes lo hicieron también.
Algunos navíos permanecieron siempre en el mismo lugar,
otros emprendieron simplemente su viaje,
y de estos navíos voluntariosos,
unos hubieron de perecer en su lucha,
otros de cansancio y unos pocos más lograron seguir navegando.
Éstos, seguros de su camino a pesar de la oscuridad lograron ver allá... muy allá,
donde en las entrañas de aquella tierra lejana una luz tenue y palpitante se asomaba.
-¡Es el farero! Dijo uno de los navíos astutos,
entonces la mayoría de los navíos pareció estremecerse por encontrarse con aquel ser lleno de luz.
La única luz brillante en el mundo en su aparente último rincón;
sin embargo uno de los navíos permaneció en silencio,
ninguno de los demás navíos se percató de él,
ni del significado de su silencio ante tal acontecimiento.
-¡Zarpemos entonces hermanos!, dijo otro de los navíos jóvenes,
y todos se dirigieron hacia la luz del farero
celebrando con poesías, alabanzas y canciones.
A lo lejos, El Farero se percató del navío que permaneció distante de los demás navíos mientras estos navegaban a la luz regocijantes de alegría.
-Y tú amigo mío, ¿por qué no has emprendido tu viaje cómo los demás navíos? preguntó el farero.
Mira cuan alegres y sonrientes vienen hacia mi luz,
¿Por qué has decidido no venir?
El navío permaneció en silencio y entonces dijo:
-Como tú lo has dicho, ¡Oh Farero!,
mi viaje con todos aquellos no ha de ser,
han partido a tu luz, y les deseo que bien les vaya,
pero ni mi destino, ni mi viaje final ha de estar en ti, ni descansar en ti,
y puesto que no elegí llegar a ti, mi viaje es aún más largo,
detrás de ti, aún hay otros mares que cruzar,
habrá otros vientos que abatir,
y entonces habré de encontrarme con mi luz,
¡pues detrás de ti amigo mío, está el amanecer!
El Asesino
El asesino. Hube de preguntarme que habría sido de mí antes de que la vida me sucediera. Entonces un pensamiento brotó espontáneo y alegre, sin color, ni amargura, un pensamiento latente que perdura desconociendo el tiempo y vuela con las alas del deseo alrededor de la memoria y el espíritu. ¿A dónde vas? ¿A dónde vas ave mía? -A refugiarme de tu humanidad susurró, ahí dentro donde nace tu caos y muere el orden de todas las cosas, en el destino último que encaminara tu vida a su última morada, a esa cueva compañero donde habrás de matarnos y así callaremos por siempre. Maldito ha sido nuestro lenguaje, que tan ciego como blasfemo te ha hecho, has proclamado verdades inciertas, ¡mentira! ¡Todo ha sido una mentira! Porque lo que brota de tus labios no ha nacido de igual manera de tu corazón, has crecido en falsedad e hipocresía, hablas de poesía y de amor, embriagándote de ellos como si los conocieses por ti mismo, pero no es así, ¿Cuántas veces has amado? ¿Cuántas veces? ¡Decidlo fuerte y claro! ¿Cuántas veces tus ojos observaron profundos una creación y la amaron? Cuántas otras, fueron ellos creadores de un nuevo asombro, de un nuevo resplandor. Mejor hubiese sido que nacieras siendo ciego, así al menos tus ojos habrían creado para su interior un nuevo mundo, y yo tu ave no me revolotearía celosa por los rincones de meros deseos, te habría llevado lejos, más lejos, más allá de la claridad y de la oscuridad, ahí donde el infinito se junta en brillantes colores que has olvidado crear, ahí hubiésemos matado el tiempo y el espacio hasta fundirnos eternamente con el horizonte. Ahí poco antes de nuestra muerte te hubiese dicho: “compañero mío que naciste siendo silencio para convertirte en melodía”.
Noviembre 2003
Noviembre 2003
viernes, 15 de enero de 2010
Coleccionista de instantes y aficionada de sutilezas
Fragmento a un corazón Pueril
Luna llora
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