Nombrar(te) es aún personal. Lo hago como si quisiera que me respondieras, o que, al menos pretendieras escucharme. Nombrar(te) es aún personal; como si me guiara por el recuerdo de algo -duradero-, de algo con nombre y lugar. Pero de todo ello, -nada- queda ya. Ni el llanto, ni el coraje, ni la caricia más íntima. Las ganas se me han agotado que incluso, ya ni siquiera me importa si no respondes ya.
Nombrar(te) es aún personal. Como lo hago con el árbol frente a mi ventana; con el gato en mi cama y los cigarrillos sin prender. Como de mañana nombro las horas e incluso al señor desconocido que espera siempre en la esquina. Nombrar(te)es personal, es cuestión de palabra, -de alguien que la sostiene-, y -aunque duelas- nombrar(te) es mi manera sutil de gastar tu nombre; de hablar de ti sin miedo y cobardía. Yo te nombro como nombro al ave, a la basura, al auto, al teléfono. -Nombrar(me)- para ti es secreto. Me guardas en silencio, celoso de desgaste, me guardas como algo que nada ni nadie más puede nombrar. Yo en cambio, te nombro.
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