El asesino. Hube de preguntarme que habría sido de mí antes de que la vida me sucediera. Entonces un pensamiento brotó espontáneo y alegre, sin color, ni amargura, un pensamiento latente que perdura desconociendo el tiempo y vuela con las alas del deseo alrededor de la memoria y el espíritu. ¿A dónde vas? ¿A dónde vas ave mía? -A refugiarme de tu humanidad susurró, ahí dentro donde nace tu caos y muere el orden de todas las cosas, en el destino último que encaminara tu vida a su última morada, a esa cueva compañero donde habrás de matarnos y así callaremos por siempre. Maldito ha sido nuestro lenguaje, que tan ciego como blasfemo te ha hecho, has proclamado verdades inciertas, ¡mentira! ¡Todo ha sido una mentira! Porque lo que brota de tus labios no ha nacido de igual manera de tu corazón, has crecido en falsedad e hipocresía, hablas de poesía y de amor, embriagándote de ellos como si los conocieses por ti mismo, pero no es así, ¿Cuántas veces has amado? ¿Cuántas veces? ¡Decidlo fuerte y claro! ¿Cuántas veces tus ojos observaron profundos una creación y la amaron? Cuántas otras, fueron ellos creadores de un nuevo asombro, de un nuevo resplandor. Mejor hubiese sido que nacieras siendo ciego, así al menos tus ojos habrían creado para su interior un nuevo mundo, y yo tu ave no me revolotearía celosa por los rincones de meros deseos, te habría llevado lejos, más lejos, más allá de la claridad y de la oscuridad, ahí donde el infinito se junta en brillantes colores que has olvidado crear, ahí hubiésemos matado el tiempo y el espacio hasta fundirnos eternamente con el horizonte. Ahí poco antes de nuestra muerte te hubiese dicho: “compañero mío que naciste siendo silencio para convertirte en melodía”.
Noviembre 2003
Este pequeño fragmento lo escribí durante la etapa 'existencialista' de mi vida. Tenía 17 años justamente, en un noviembre solitario que en aquel entonces parecía como una maldición del tiempo.
ResponderEliminarEl pensamiento de la muerte siempre ha estado presente en mi corazón, como una indagación constante, como una sombra y compañera.
El salto fue en gran magnitud, me edifiqué sobre un existencialismo del nihil y el vacui de la existencia hasta girar en un vitalismo positivo y a la vez propositivo, donde la vida es lo único que verdaderamente importa. Porque muchos creemos que el más grande miedo que habita en nuestros corazones es el temor a la muerte, y lo cierto es que resulta ser todo lo contrario, vivimos temerosos a la propia vida. Vivamos mejor! para poder morir viviendo!!
Muchas gracias por la explicación profesora Nelly, obviamente este escrito me he gustado, jaja pero ya con comentarios del autor es todavía mejor, sin duda mientras más te conozco más te admiro =O
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