sábado, 20 de marzo de 2010

Del Arte de Leer y del Arte de Escribir


El arte de Leer.- No es solamente el ojo el que se ejercita en el arte del buen leer; sino que en este tipo de ocasiones se ha de ejercitar el cuerpo completo para descubrir así las palabras de algún poeta dormido. Afinar los sentidos es tarea delicada para los espíritus dispuestos; si la escritura es un arte respetable, el arte del buen lector lo es aún más, se requiere no sólo finura en el trazo y delicadeza en la seducción; el lector se comporta como el buen amante o el buen amigo, que no sólo escucha y observa, sino que ama y siente, que llora, que sabe masticar y digerir. El buen lector no acepta las palabras sin cuestionarlas primero, sino que las comprende y las transforma, aprecia el espíritu del escritor e imagina cómo debió sentirse al escribir tal o cual cosa; el lector lo inventa y a veces le hace aparecer de modo infinito. Un buen lector sabe despreciar y cosechar pues asume su postura activa. En un juego de dados, el escritor tira la primera partida, el lector es el que ríe al final.

El arte de escribir.- Quien escribe no sólo lo hace para los ojos, lo hace apuntando al corazón; el poeta apunta su aguijón, pues donde su muerte ha de comenzar la vida correrá en la sangre del lector.

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