martes, 23 de noviembre de 2010

Ichbinbeidir




(…) Incesante la apariencia habita sus rostros y se va.
Como de la hierba, el rocío temprano de nosotros se retira lo que es nuestro,
como del caliente manjar trasciende el vapor.
¡Oh sonrisa! ¿Hacia dónde?
¡Oh mirada que se eleva!; contempla los árboles: son.
Y aún perduran las casas en que vivimos.
Sólo nosotros pasamos junto a todo como una ráfaga.
¡Miren!: acontece que mis manos entre sí se saben
o que en ellas mi rostro cansado se refugia.
-De mí mismo alguna conciencia esto me infunde-,
porque persiste el lugar que la ternura envuelve,
porque sienten la pura duración.
Así el brazo les parece promesa de eternidad.
Quizá nosotros también hallemos duradera una pura parcela de sustancia humana,
una franja de tierra fecunda que sea nuestra,
pues el propio corazón, nos trasciende

No hay comentarios:

Publicar un comentario