jueves, 19 de agosto de 2010


Mi fin constituirá el fin de todas mis verdades, de mi nombre, de mis pensamientos, de mis sentimientos, de todos mis recuerdos y de todas aquellas personas y lugares que hube de coleccionar. Así como mi vida constituyó su principio, también constituirá su final, sin mí no habrá sentido para ellas. Muertas estarán, objetos que se marchitarán en el olvido de las gentes que no habrán de nombrarlas nunca. Es aquí como la vida declara su victoria ante lo muerto, porque sin ella no alcanzan la dicha de vivir en alguien, por alguien y para alguien. Mi aroma habrá de dispersarse después de unos cuantos años, y todos aquellos cuantos conocí habrán de morir también. El hombre no es muerte, ni es para la muerte, es vida, es por eso que al hombre y a todo cuanto vive le es imposible pertenecer. La inmortalidad es de las cosas perecederas, de todo aquello que no contiene en su esencia el fruto de la vida. Porque lo vivo siempre se retira.

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