martes, 17 de agosto de 2010

El hombre se figura a sí mismo como unidad múltiple; es decir, uno mismo con muchos otros. La voluntad de vida nos hace ser lo que somos, vida y nada más. Las constantes batallas internas entre el espíritu, los instintos y la razón, responden a la coronación de una victoria temporal dentro del orden instintivo, espiritual o racional; sólo la voluntad de vida del héroe es la que sostiene en sus manos las cuerdas de lo múltiple, de lo diverso, y algunas veces, una de ellas es más fuerte que la otra, pero en ese constante vencer- perecer, el triunfo perpetuo está en la vida misma, porque cada acción, cada movimiento, cada elección, es la afirmación constante de que somos, de que estamos y que por tanto de que vivimos.

Asumirse a uno mismo como multiplicidad y contradicción es símbolo de alta nobleza, de gran heroísmo. El héroe nunca se rendirá, ni sus rodillas sucumbirán ante las batallas, su voluntad es inmensamente infinita para no perecer; perecer sería el aniquilamiento perpetuo y el silencio eterno de la melodía.

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