(...)He llamado tal vez de forma correcta 'El olvido del cuerpo' a la enfermedad propia del cristiano, del que padece y siente culpa por su desnudez. El que rechaza su flacura o gordura, su altura o pequeñez es igualmente un enfermo; cuyo síntoma es el reflejo de un cansancio, de la aprehensión de una ‘moralidad de la forma’, de un dictamen sobre lo que está bien o mal en un cuerpo, sobre lo que debe o no debe ser. El cuerpo ha sido juzgado, primer gran error, segundo gran error es creer que el cuerpo es objeto de la moral, si la moral es en sí misma un error, lo es aún más tasar al cuerpo con algo que no le pertenece.
+El hombre se lanza a descubrir los terrenos ulteriores sagasmente inventados, pues tiene miedo en que lo más cercano, aquello que se esfuma y le pertenece: su cuerpo, es lo más desconocido, incluso para sus propios ojos.
+El hombre dice percibir su alma, pero no es capaz de verse la espalda y sentirse orgulloso por ello.
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