
De pronto sucedió en el mundo el atardecer
y con él, el sol hubo de ponerse y jamás volvió a salir.
Las noches fueron largas y más aún dolorosas,
mientras los mares arrastraban cuanto navío extraviado de rumbo se internaba en su olaje.
Llovía interminablemente
y los vientos provenientes del norte y del sur,
sacudían cuanto navío ligero se dejara llevar,
pocos navíos le sobrevivieron a la tempestad,
al viento y al frío,
muchos se hicieron viejos, y de viejos hubieron de morir,
otros de jóvenes lo hicieron también.
Algunos navíos permanecieron siempre en el mismo lugar,
otros emprendieron simplemente su viaje,
y de estos navíos voluntariosos,
unos hubieron de perecer en su lucha,
otros de cansancio y unos pocos más lograron seguir navegando.
Estos, seguros de su camino a pesar de la oscuridad lograron ver allá... muy allá,
donde en las entrañas de aquella tierra lejana una luz tenue y palpitante se asomaba.
-¡Es el farero! Dijo uno de los navíos astutos,
entonces la mayoría de los navíos pareció estremecerse por encontrarse con aquel ser lleno de luz,
la única luz brillante en el mundo, en su aparente último rincón,
sin embargo uno de los navíos permaneció en silencio,
ninguno de los demás navíos se percató de él,
ni del significado de su silencio ante tal acontecimiento.
-¡Zarpemos entonces hermanos!, dijo otro de los navíos jóvenes,
y todos se dirigieron hacia la luz del farero
celebrando con poesías, alabanzas y canciones.
A lo lejos, El Farero se percató del navío que permaneció distante de los demás navíos mientras estos navegaban a la luz, regocijantes de alegría.
-Y tú amigo mío, ¿por qué no has emprendido tu viaje cómo los demás navíos? preguntó el farero,
mira cuan alegres y sonrientes vienen hacia mi luz,
¿Por qué has decidido no venir?
El navío permaneció en silencio y entonces dijo:
-Como tú lo has dicho, ¡Oh Farero!,
mi viaje con todos aquellos no ha de ser,
han partido a tu luz, y les deseo que bien les vaya,
pero ni mi destino, ni mi viaje final ha de estar en ti, ni descansar en ti,
y puesto que no elegí llegar a ti, mi viaje es aún más largo,
detrás de ti, aún hay otros mares que cruzar,
habrá otros vientos que abatir,
y entonces habré de encontrarme con mi luz,
¡pues detrás de ti amigo mío, está el amanecer!
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