
Sabía a su verdad el aire discreto que de sus labios se desprendía por las mañanas. No podía retenerme a mirarle, en silencio y sin caricias. Tocaba suavemente la superficie de su cuerpo inmóvil, como una figura que se desvanece en el sueño quebrado por un estruendo repentino. ¡No podía retenerme!
Hube de levantarme a la hora que marcaba mi partida, con la ropa húmeda en el suelo, el interior de mi cuerpo no me parecía tan escondido a la luz del sol. Podía perderme en mis pensamientos, pero la prisa correteaba mi paso, ¡no podía retenerme!
Sus movimientos comenzaban a deslizarse hacia mi figura ausente. Aroma impregnado en unas sábanas gastadas en el cobijo de una noche. Él parecía mirarme dentro de sí, y yo no podía, no podía retenerme. Cerré la puertecita que me separaba de un conteo de ilusiones y sentimientos. No me pude retener.
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